Más allá del Design Thinking: diferentes formas de pensar para la innovación

En la última década, el término Design Thinking (en español, pensamiento de diseño) se ha vuelto omnipresente en el mundo de la innovación. Se trata de una metodología originalmente inspirada en cómo trabajan los diseñadores, enfocada en comprender profundamente las necesidades de las personas, generar ideas creativas y probar soluciones de forma iterativa. Su popularidad se ha disparado: en diez años, el interés por el Design Thinking ha crecido de formal exponencial. Grandes empresas como Apple, Google o Nike lo han utilizado para lanzar productos exitosos, y su secreto radica en la versatilidad: es un enfoque aplicable a todo tipo de problemas, no solo al diseño de productos físicos. De hecho, el Design Thinking integra tanto la perspectiva técnica como la humana en el proceso de diseño; más que una simple herramienta, es “una metodología de pensamiento en la que la creatividad y el trabajo multidisciplinar ayudan a encontrar alternativas que al principio no son evidentes”. Esta capacidad de romper silos y hacer colaborar a equipos diversos para resolver problemas de manera diferente ha llevado a que muchas organizaciones lo adopten entusiasmadas.

¿Por qué ha ganado tanta popularidad el Design Thinking? Además de su enfoque centrado en las personas (ponerse en la piel del usuario mediante la empatía) y su énfasis en la experimentación rápida (prototipos y pruebas constantes), ha demostrado aportar valor tangible a las organizaciones. Estudios sugieren que las empresas que lo aplican pueden reducir tiempos y costes de innovación, acelerar la salida al mercado de nuevas ideas e incluso obtener un ROI muy elevado. En esencia, ha brindado una forma estructurada pero flexible de innovar que cualquiera (no solo los diseñadores) puede aprender. Su lenguaje accesible y dinámico (hablar de lluvia de ideas, mapas de empatía, pensamiento “fuera de la caja”, etc.) lo ha hecho atractivo en ámbitos empresariales, educativos y sociales. Sin embargo, el Design Thinking es solo una de las maneras en que diferentes disciplinas abordan los problemas. Existe toda una familia de “pensamientos” o enfoques disciplinares con sus propias perspectivas únicas. A continuación, exploraremos algunos de ellos.

Otras formas de pensamiento disciplinar

El profesor Nathan Crilly, de la Universidad de Cambridge, en su libro Design Thinking and Other Approaches: How Different Disciplines See, Think and Act (2024), propone mirar más allá del Design Thinking y reconocer cómo otras disciplinas piensan y encaran la resolución de problemas. Entre estos enfoques encontramos pensamiento sistémico, pensamiento computacional, pensamiento científico, pensamiento ingenieril, pensamiento matemático, pensamiento antropológico, pensamiento emprendedor, entre otros. ¿En qué consisten? Veamos brevemente:

(Por supuesto, la lista no termina aquí. También podríamos hablar de “pensamiento histórico” (analizar los problemas entendiendo cómo evolucionaron en el tiempo), “pensamiento geográfico” (considerar los factores de entorno y ubicación), “pensamiento estadístico” (enfocado en datos, probabilidades y variabilidad), “pensamiento evolutivo” (soluciones que iteran por prueba y error semejante a la selección natural), entre muchos otros enfoques disciplinares. Cada uno aporta una lente distinta para mirar los desafíos.)

Combinando perspectivas para enriquecer la innovación

Lo interesante es que no se trata de escoger un enfoque y descartar los demás. Al contrario, el mensaje es que todos estos tipos de pensamiento se complementan. El Design Thinking, el pensamiento sistémico y el pensamiento emprendedor a menudo se elogian como motores de la creatividad, pero también existen esos otros enfoques útiles que hemos descrito (ingenieril, computacional, científico, etc.), y enseñarlos o aplicarlos por separado es un error, porque se pierde de vista qué hace único a cada uno y en qué se solapan. En palabras de Nathan Crilly, estas formas de pensar no deben entenderse en aislamiento sino “en relación unas con otras”, ya que todas pueden ayudarnos a identificar, comprender y resolver problemas.

Diagrama de Venn que indica cómo podrían relacionarse entre sí las descripciones generales de tres enfoques disciplinares: pensamiento de diseño, pensamiento sistémico y pensamiento emprendedor.

Cuando combinamos disciplinas, obtenemos lo mejor de cada mundo. Imaginemos un desafío concreto para ilustrarlo: supongamos que queremos desarrollar una solución tecnológica para que los adultos mayores recuerden tomar sus medicamentos. Un equipo ideal para abordar este proyecto podría incluir a diseñadores, ingenieros, científicos, programadores, antropólogos y emprendedores trabajando juntos. El diseñador aplicaría Design Thinking para entender las frustraciones diarias de las personas mayores (¿les cuesta abrir los frascos? ¿olvidan las pastillas porque no tienen una rutina visual?) y crear prototipos centrados en facilitarles la vida. El ingeniero aportaría pensamiento ingenieril para asegurar que el dispositivo o aplicación funcione de forma simple, segura y confiable (diseñando, por ejemplo, un pastillero electrónico fácil de fabricar y reparar). Un médico o científico con pensamiento científico revisaría evidencia sobre hábitos de adherencia a la medicación y validaría con experimentos que la solución realmente mejora la salud (quizá haciendo un estudio piloto controlado). El programador con pensamiento computacional desarrollaría el software detrás, estructurando el problema en algoritmos (por ejemplo, una alarma inteligente que se ajusta si la dosis no fue tomada) y garantizando que la lógica sea sólida. Un antropólogo investigaría el contexto cultural: ¿cómo perciben los mayores la tecnología?, ¿confían en recordatorios digitales o prefieren ayuda humana?, asegurando que la solución encaje en sus costumbres y entorno social. Finalmente, alguien con mentalidad emprendedora armaría un modelo de negocio sostenible: quizás un servicio suscripción para familias, alianzas con farmacias o aseguradoras, de modo que la gran idea no se quede en el cajón sino que efectivamente llegue al mercado y tenga impacto real.

Cada experto, con su “pensamiento” disciplinar, vería facetas del problema que otros no. Juntos, al intercambiar estas perspectivas, podrían co-crear una solución mucho más innovadora e integral de lo que cualquiera lograría por separado. De hecho, estudios sobre creatividad señalan que la combinación de distintas formas de pensamiento suele producir ideas más originales y robustas. Al examinar un amplio rango de enfoques, se revelan conexiones y contrastes que nos dan un marco más completo para fomentar la creatividad aprovechando diversas mentalidades. Un enfoque multidisciplinar así abarca la deseabilidad (¿la gente lo quiere?), la factibilidad (¿se puede hacer?) y la viabilidad (¿sostiene en el tiempo?), famosas tres patas de la innovación.

Conclusión: Abiertos a pensar desde otros ángulos

El Design Thinking nos ha enseñado el poder de la empatía, la creatividad y la colaboración para innovar. Ha sido, merecidamente, una estrella en el mundo de la resolución de problemas. Pero como hemos visto, no es el único camino. Otras disciplinas ofrecen enfoques de pensamiento valiosos: unos más analíticos, otros más sistémicos, otros más orientados a la cultura o al negocio. Lejos de competir, estos modos de pensar se potencian mutuamente. Al adoptar una mente abierta y curiosa por aprender de otras disciplinas, podemos enriquecer enormemente nuestra capacidad de crear e innovar.

La invitación final para ti, lector, es a explorar más allá del Design Thinking. Si eres un entusiasta del pensamiento de diseño, prueba a incorporar el rigor del método científico en tu próxima lluvia de ideas; o mira un problema complejo dibujando sus componentes como haría un pensador sistémico; o cuestiona tus suposiciones con la lógica de un matemático. Y viceversa: si vienes de la ciencia o la ingeniería, anímate a usar técnicas de diseño centrado en el usuario o a entender el contexto humano con ojos de antropólogo. Verás que cada enfoque nuevo es como sumar una herramienta nueva a tu caja: amplía las posibilidades de solución.

En un mundo de desafíos complejos, ninguna disciplina tiene todas las respuestas. La creatividad y la innovación florecen cuando combinamos perspectivas. Como sugiere Nathan Crilly en su trabajo, necesitamos un enfoque coordinado, un diálogo entre disciplinas donde cada forma de pensar aporte lo suyo, para así hacer frente a los problemas de manera más creativa y efectiva. En resumen: el Design Thinking es fantástico, pero atrevámonos a salir de la zona de confort y a pensar también como científicos, como ingenieros, como antropólogos, como emprendedores… En esa diversidad mental encontraremos un mundo de ideas nuevas esperando ser descubiertas.

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