5 maneras en que las personas inteligentes sabotean su éxito

Hoy recupero y traduzco un artículo muy interesante de Hardvard Business Review escrito Por Alice Boyes y publicado el 13 de noviembre de 2018.

Shana Novak/Getty Images

Resumen

La inteligencia en bruto es, sin duda, un gran activo, pero no lo es todo. A veces, cuando las personas intelectualmente dotadas no logran tanto como les gustaría, es porque se están saboteando sutilmente. Si te encuentras en esta situación, la buena noticia es que, al comprender estos obstáculos, puedes corregirlos.

A continuación, presento cinco patrones de comportamiento en los que he visto que las personas inteligentes suelen caer:

1. A veces, las personas inteligentes subestiman otras habilidades, como la construcción de relaciones, y se concentran demasiado en la inteligencia

Las personas muy inteligentes a menudo creen que su éxito es inevitable debido a su intelecto y no consideran que otras habilidades sean importantes. Por ejemplo, alguien que tiene dificultades con la diplomacia en el trabajo podría descartarla como una molestia en lugar de verla como una habilidad clave para su puesto. También pueden pensar que es crucial que un secretario sea amable, pero no un ejecutivo. Como resultado, no invierten tiempo y esfuerzo en desarrollar estas habilidades.

Estas creencias no surgen de la nada. La mayoría de las personas tienen un sesgo natural hacia el aprovechamiento de sus fortalezas y, por el contrario, prefieren evitar pensar en las áreas en las que no destacan. Los niños brillantes suelen recibir mucho refuerzo a lo largo de su vida sobre el valor de su inteligencia. Crecen escuchando que son inteligentes y experimentan que el éxito académico les llega con más facilidad que a los demás. Es comprensible que, al llegar a la adultez, sigan enfocándose en su intelecto.

Sin embargo, en la mayoría de los entornos laborales se necesita algo más que inteligencia para progresar. Centrarse solo en la mayor fortaleza de uno, en lugar de trabajar en sus debilidades, suele ser un acto de autosabotaje.

Solución: Usa tus fortalezas para superar tus debilidades. Si eres bueno aprendiendo, simplemente aprende las habilidades que no te resultan naturales. No necesitas cambiar tu personalidad, solo necesitas un plan de acción y una actitud constructiva. Por ejemplo, identifica tres comportamientos específicos de diplomacia laboral que podrían mejorar tu éxito en esa área.

2. El trabajo en equipo puede ser frustrante para las personas muy inteligentes

Cuando alguien comprende conceptos rápidamente y tiene altos estándares de desempeño, puede sentirse frustrado al trabajar con personas que tardan más en procesar información. Si en la escuela esta persona se sintió frenada por compañeros menos capaces, es posible que esa frustración con el trabajo en equipo se haya desarrollado desde temprano. Tal vez hacía la mayor parte del trabajo en proyectos grupales o se aburría en clases que avanzaban demasiado lento. Estas experiencias pueden generar una reacción emocional desproporcionada en la vida adulta.

Las personas inteligentes también pueden tener dificultades para delegar tareas porque creen que pueden hacerlas mejor por sí mismas (independientemente de si esto es cierto). Esto es especialmente común en personas con tendencias perfeccionistas.

Solución: Sé compasivo contigo mismo respecto a tus reacciones internas y comprende de dónde provienen, pero también aprende a apreciar genuinamente lo que las mentes diversas aportan a un equipo.

3. Las personas inteligentes suelen vincular su autoestima con su inteligencia, lo que puede disminuir su resiliencia y llevarlas a evitar ciertos desafíos

Si gran parte de tu autoestima se basa en tu inteligencia, puede ser difícil enfrentarte a situaciones que revelen debilidades. Esto podría incluir trabajar con personas aún más talentosas, recibir críticas o asumir riesgos y fracasar. Cualquier situación que haga sentir que no eres tan inteligente puede percibirse como una amenaza. En respuesta, la persona inteligente podría evitar estas situaciones, lo que, a largo plazo, la perjudica.

Solución: Considera los beneficios de trabajar con personas más inteligentes que tú en ciertos aspectos. Si te rodeas de personas talentosas, estás haciendo algo bien. Recuerda que “el hierro afila el hierro”. Además, cultiva relaciones con personas de confianza que puedan ofrecerte críticas constructivas. Cuanto más te acostumbres a recibir comentarios de personas que creen en tu talento, más fácil será aceptarlos y mejorar.

4. Las personas inteligentes se aburren fácilmente

Ser inteligente no es lo mismo que ser curioso, pero cuando estas dos cualidades se combinan, puedes encontrarte perdiendo el interés rápidamente en tareas repetitivas. Algunos tipos de éxito provienen de la creatividad, pero otros dependen de convertirse en un experto en un nicho y ejecutar un conjunto de comportamientos repetidamente.

Si eres inteligente, curioso y amas aprender, podrías aburrirte tan pronto como hayas descifrado algo. Puede que la parte de ejecución te resulte tediosa y prefieras siempre estar descubriendo cosas nuevas. Sin embargo, esto puede ser menos rentable que encontrar un nicho y seguir una fórmula probada, aunque esta última opción te parezca aburrida.

Solución: Intenta ver desde una perspectiva más amplia cuándo vale la pena tolerar algo de aburrimiento para obtener beneficios a largo plazo. No necesitas hacer cambios drásticos, solo reconocer en qué momentos soportar un poco de monotonía puede ser útil para tu éxito. Por ejemplo, dedicar cinco horas a la semana a una actividad monótona pero lucrativa. También asegúrate de tener suficientes oportunidades para satisfacer tu curiosidad y amor por el aprendizaje en distintas áreas de tu vida, como el trabajo, los pasatiempos, el ejercicio y el autoconocimiento.

5. Las personas inteligentes a veces creen que el pensamiento y la reflexión son la solución a todos los problemas

Las personas brillantes están acostumbradas a lograr el éxito a través del pensamiento analítico, pero a veces pasan por alto que otro enfoque podría ser más efectivo. Por ejemplo, pueden abordar cada problema tratando de pensarlo hasta el extremo (sobreinvestigar cada decisión y obsesionarse con cada error), cuando otras estrategias podrían ser más productivas.

Solución: Identifica cuándo el pensamiento se convierte en una obsesión poco saludable. Pregúntate si otras estrategias pueden generar mejores resultados. Experimenta con tomar descansos para desbloquearte y permítete aprender haciendo, en lugar de depender exclusivamente de una investigación exhaustiva. Amplía tu repertorio de herramientas para la toma de decisiones y evita caer en el error de ver cada problema como un clavo solo porque tu herramienta principal es un martillo. Finalmente, si te encuentras rumiando pensamientos negativos, interrúmpelos con una actividad breve y absorbente (como un rompecabezas). Este simple ejercicio puede ser sorprendentemente efectivo para salir del bucle de pensamientos negativos.

Reflexión final

¿Cuál de estos cinco patrones identificas más en ti? Intenta ordenarlos por relevancia. ¿Conoces colegas o personas en tu vida que caen en estas trampas? Deja de lado cualquier sentimiento de vergüenza o juicio, ya que no son útiles para superar estos hábitos. Recuerda que incluso los patrones psicológicos más arraigados pueden cambiarse con un enfoque práctico y dirigido a la solución.

Alice Boyes, PhD, es expsicóloga clínica y autora de The Healthy Mind Toolkit, The Anxiety Toolkit, y Stress-Free Productivity.

Posted by

Deja un comentario

Descubre más desde Easy World Business

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo